Los estándares entendidos como lo que se valora de la profesión, no prescriben la acción docente, más bien aportan criterios para un ejercicio profesional contextualizado, que responde con autonomía y flexibilidad a los requerimientos de sus estudiantes y del establecimiento educacional donde ejerce. Para ello, recogen las últimas investigaciones y hallazgos sobre cómo se aprende, así como la opinión de educadores, docentes, directivos escolares, formadores de profesores, investigadores, instituciones de educación superior, de aseguramiento de la calidad, entre muchos otros y otras participantes, para así recoger y construir de forma colaborativa este marco de referencia común que se pone al servicio de todos los profesores del país y que deben ser reinterpretados por cada docente a través de la reflexión sobre la propia práctica en su contexto.
Desde el punto de vista de la formación de profesores, tampoco la prescriben, ya que además de tener a la base lo expuesto anteriormente, se han extremado los esfuerzos porque sus definiciones sean amplias y genéricas en términos de implementación. Pueden ser operacionalizados a través de diversidad de enfoques y acorde a sellos o proyectos institucionales tan heterogéneos como los que exhibe el campo institucional de la formación de docentes del país.